Magia en forma de poemas

Empédocles de Agrigento fue una de las personas más notables de su época. Se cree que nació en el sigo V a.C. al sur de la actual Sicilia y su influencia se sintió en la medicina, la química, la biología, la astronomía, la psicología y la religión. Era considerado un místico y su leyenda es absolutamente increíble.

Dejó dos obras principales y una concepción de la realidad que sentó las bases de la ciencia del futuro. Fue el primero en reducir toda la existencia a cuatro elementos o raíces (como las llamó): Tierra, Aire, Fuego y Agua. Las consideraba divinas e identificó cada una de ellas con una divinidad.

Según él, estas raíces están condicionadas por dos fuerzas opuestas: el amor y el odio, que dependiendo de su combinatoria pueden derivar en algo bueno y hermoso o en su contrario.

En la Grecia de Empédocles, el concepto de fuego y de luz estaban íntimamente relacionados con el inframundo. De hecho, se consideraba el fuego interno de la tierra a aquel que habitaba en el núcleo de la misma y que luego salía al exterior en forma de luz. Esta manera de entenderlo estuvo vinculada inequívocamente al gran volcán de la isla: el Etna, que en la muerte del filósofo, cuya leyenda mencionaré más tarde, jugó un papel revelador.

Este volcán representaba una puerta al reino de Hades y supuso en la Antigüedad una fuente de inspiración y peregrinación muy importante pues eran muchas las personas que querían ir a contemplarlo, a empaparse de su poder y a intentar comprender el mundo a través de su grandeza.

También estaba enraizado a la mitología y los misterios de Perséfone. Sicilia era por entonces el epicentro de la tradición mágica griega que se extendió por todo el Mediterráneo llegando hasta Egipto.

En este contexto, Empédocles escribe, al igual que Parménides, en verso. La poesía era la forma elegida para transmitir la información codificada de carácter iniciático. En sus poemas habla de sí mismo o quizá sea la voz de Apolo a través de su persona.

Escribió dos: Purificaciones y Sobre la Naturaleza, de los cuales se conservan algunos fragmentos.

En el primero se muestra como el portador de un mensaje de salvación y en el segundo habla de una visión cosmológica que se acerca a Parménides y los filósofos milesios. Es una poesía intimista que constituye un himno a la Naturaleza y a lo divino donde nos dice que todos los seres vivos somos iguales. Esta forma de poesía vinculada a los misterios se llegó a conocer como poesía cósmica dentro de Oriente Próximo y el Mediterráneo. Lo divino, por tanto, adquiere aquí una relevancia enorme en relación a lo eterno pues somos divinos en ese momento de eternidad que está presente en cada uno de los seres que comparten la vida con nosotros.

Sin embargo, dice de sí mismo que es capaz de controlar el viento y la lluvia y lo hace en un tono donde deja claro que no es precisamente a través de una plegaria a un dios en concreto, sino que él solo puede conseguirlo. Aquí deducimos que está hablando claramente de magia pues era habitual poder influir así en la realidad, usando la palabra en forma de conjuro y otros elementos. Aunque indirectamente se lee entre líneas que se está refiriendo al cuerpo humano y a su capacidad para controlarlo. Esto le sitúa como un sanador pues además se sabe que fue un experto conocedor del mundo de las plantas mágicas y de su uso medicinal.

¿Es considerado un mago? ¿De qué se trata exactamente cuando dice que puede ir y venir del inframundo?

Si nos acercamos a la tradición de Asia Central podemos comprender que esta forma de actuar y la capacidad de ir y venir al infierno a buscar un cuerpo está directamente emparentada con los chamanes y a su vez, con la tradición persa de los magus, de donde proviene la palabra griega “Mago”.

Era un adivino dentro del ámbito oracular, un sanador y un cantor que caminaba consciente de sí mismo.

Hay quien habla de él refiriéndose a un iatromantis…

Empédocles quería transmitir en sus escritos el poder de la palabra. Concebía su capacidad para expresar y comunicar como algo divino. Para él, sus palabras tenían la capacidad de actuar y producir un efecto real en la persona que las absorbía, creyendo que tenían poderes mágicos. Estas palabras pronunciadas por el maestro enraizarían en el discípulo proporcionando no solo una visión profunda de la realidad sino también un cambio significativo de su propio ser.

Usaba la voz y le daba una grandísima importancia porque en este contexto, cantar elevaba lo divino y lo sagrado de cada vida en la naturaleza. Cantos rituales con una dirección clara para abrir puentes de conocimiento, para curar o para proteger, lo mismo que hacían sus coetáneos, los primeros pitagóricos con los ensalmos. Concibiendo la voz como un canal para conectar con aquello que va más allá de lo humano.

Al final, Empédocles quiso demostrar que era un mago capaz de desaparecer. Decidió subir al volcán y tirarse dentro frente a una multitud de testigos.

Cuenta la leyenda que al poco tiempo, el volcán escupió algo de humo expulsando también la sandalia del filósofo.

Este final como destino mítico de la vida humana refleja el interés profundo de los círculos místicos occidentales por los valores iniciáticos.

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