Morir para alcanzar la verdad
En la Antigua Grecia existía la creencia de que debíamos enfrentarnos a la muerte antes de morir. Este era el único camino para encontrar la verdad y el crecimiento. Se decía que en nuestras raíces más profundas están todas las respuestas pero para acceder a ellas debemos desear ser transformados. Una transformación que implica convertirnos en lo que realmente somos. Esa verdad está presente en lo que no se ve, en lo que no podemos tocar, está oculta y solo aquellos que decidan emprender el viaje podrán encontrarla. Este es el viaje del héroe, el viaje iniciático que nos abre las “puertas de la percepción” como las llamó William Blake.
Parménides escribió un único poema donde describe un viaje mítico hacia lo divino. Narra cómo se aleja del sendero transitado de los hombres para adentrarse en la muerte en busca de la sabiduría. Se trata de no interferir, tan solo de mirar y escuchar para que lo observado revele su significado. Habla de Orfeo, el mago, que con el poder de su canto accedió al inframundo. Nos explica cómo el propio viaje cambia el cuerpo, la mente y el espíritu porque para poder avanzar tienes que olvidar todo lo que sabes. Es entonces cuando la voz interior habla para mostrarte tus anhelos más profundos, esos que a veces nos dan miedo, esos que en realidad nos están indicando el verdadero camino que nos permitirá encontrar la Luz. Hay que seguir descendiendo hasta encontrar el Sol, que habita allí donde mora la oscuridad.
-
Por allí era llevado —pues por allí me llevaban
las yeguas entendidas tirando del carro—,
y las jóvenes guiaban el camino.El eje en los bujes emitía un silbido
ardiente —pues era presionado por ruedas giratorias
por ambos lados—, cuando se apresuraban a conducirme
las hijas del Sol, tras dejar atrás la morada de la noche,
hacia la luz, quitándose con las manos los velos de la cabeza. -
Se trata del viaje cósmico hasta el verdadero origen de toda vida humana: el Sol.
Este viaje, para los antiguos magos y místicos, se hacía a través del silencio, en silencio y hacia el silencio.
Alude al silbido como el sonido de la flauta que le acompaña cuando va en el carro del sol, guiado por el camino del sol junto a las hijas del sol.
El sonido de la flauta (sonido de la serpiente es una puerta) es el sonido del silencio, es la contraseña de acceso. -
Conicidos como los señores de la guarida. Eran los guardianes de las cuevas y santuarios, los sacerdotes que guiaban el proceso de sanación. Allí se iba a sanar, allí se hacían las incubaciones y era en estos lugares donde existía una visión divina de la curación.
Habla de Apolo, el dios destructor que sana, el sanador que destruye. Su vínculo con los iatromantis, aquellos que poseían una sabiduría misteriosa y que daban voz a lo que no la tiene, eran los portavoces de lo divino y hablaban desde otro nivel de conciencia. Podían viajar a estados de ensoñación y trance y siempre lo hacían venerando a su dios, el dios del éxtasis: Apolo.
Más allá de la habilidad poética, Parménides utiliza el lenguaje de la iniciación arrastrando al interlocutor a este mundo del iatromantis, el mundo de la magia. Lo hace con suma exquisitez en la escritura utilizando el sonido y el ritmo para producir efectos concretos. Canta en sus versos pues el canto del poeta representa el viaje al otro mundo.
En aquellos tiempos el poeta era un mago, un chamán y utilizaba la repetición como en todas las tradiciones chamánicas para acceder a otros mundos e invocar una conciencia superior. Se trataba de ir a más allá del tiempo y el espacio para comprender y así volver después de renacer como alguien nuevo, como un iniciado.